Indra's profilewish i were somewhere el...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
|
November 15 Funes el Memorioso (Artificios, 1944) - Jorge Luis BorgesLo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo —género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño: Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres; “Un Zarathustra cimarrón y vernáculo”; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones. Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo? Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro mínutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona. Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro. Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles. Los años ochenta y cinco y ochenta y seis veraneamos en la ciudad de Montevideo. El ochenta y siete volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el “cronométrico Funes”. Me contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en.la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la contemplación de un oloroso gajo de santonina. No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latin. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, “del día siete de febrero del año ochenta y cuatro”, ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo año, “había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingó”, y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario “para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín”. Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, j por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat. y la obra de Plinio: El catorce de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba “nada bien”. Dios me perdone; el prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y el perentorio adverbio, la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El “Saturno” zarpaba al día siguiente, por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes. Me asombró que la noche fuera no menos pesada que el día. En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non usdem verbis redderetur auditum. Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al más dificil punto de mi relato. Este (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo de hace ya medio siglo. No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche. Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles. Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como 1a vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoría, señor, es como vacíadero de basuras. Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo. Esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos in—mortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo. La voz de Funes, desde la oscuridad, seguía hablando.. Me dijo que hacia 1886 había discurrido un sistema original de numeración y que en muy pocos días había rebasado el veinticuatro mil. No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele. Su primer estímulo, creo, fue el desagrado de que los treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en lugar de una sola palabra y un solo signo. Aplicó luego ese disparatado principio a los otros números. En lugar de siete mil trece, decía (por ejemplo) Máximo Pérez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros números eran Luis Melián Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, gas, 1a caldera, Napoleón, Agustín vedia. En lugar de quinientos, decía nueve. Cada palabra tenía un signo particular, una especie marca; las últimas muy complicadas... Yo traté explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario sistema numeración. Le dije decir 365 tres centenas, seis decenas, cinco unidades; análisis no existe en los “números” El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendió o no quiso entenderme. Locke, siglo XVII, postuló (y reprobó) idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez. Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucios y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente. Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra. Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles. Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar. 1942 Leyendo Obras Completas de Jorge Luis Borges!Parece absurdo, pero nunca había leído a cabalidad algo de Jorge Luis Borges, este genio argentino que hace que me dé orgullo hablar el español. Claro que sé que es uno de los dioses del Olimpo literario de la lengua castellana. Claro que sé que es un MUST leerlo. Claro que sé que es uno de los más brillantes escritores americanos y que escribió uno de las más importantes obras que el español ha creado: El Aleph. Así como los cuentos Funes el Memorioso (que es un primor!), La Forma de la Espada (un sablazo en la barriga!), y los poemas de El Otro, El Mismo (bellos poemas sobre BAires). Cómo es posible ser tan prolijo en inglés, español y francés! Dios mío, cómo es posible pasar tanto tiempo sin leerlo? Tanto que leer en tan poco tiempo! Será que 80, 90, 100 años serán suficientes para leer todo lo que me resta? Por ahora, hago lo que puedo...
Two English Poems I The useless dawn finds me in a deserted street- corner; I have outlived the night. Nights are proud waves; darkblue topheavy waves laden with all the hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable. Nights have a habit of mysterious gifts and refusals, of things half given away, half withheld, of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you. The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for. The big wave brought you. Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words. The shattering dawn finds me in a deserted street of my city. Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you have left me. I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn. Your dark rich life ... I must get at you, somehow; I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile -- that lonely, mocking smile your cool mirror knows. II What can I hold you with? I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the jagged suburbs. I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon. I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honoured in bronze: my father's father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother's grandfather --just twentyfour-- heading a charge of three hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses. I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness or humour my life. I offer you the loyalty of a man who has never been loyal. I offer you that kernel of myself that I have saved, somehow --the central heart that deals not in words, traffics not with dreams, and is untouched by time, by joy, by adversities. I offer you the memory of a yellow rose seen at sunset, years before you were born. I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself. I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart; I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat. - Jorge Luis Borges (1934) October 25 De las mujeres lectoras...Siempre que voy a escribir, pienso en qué idioma lo voy a hacer. Pienso en las personas van a leer y llego a la conclusión de que más me vale escribir en español. Todo el mundo lo habla, o al menos lo lee. Lengua linda! Heme aquí, reportando sintonía luego de un largo periodo sin palabras. Estaba leyendo, viendo, observando, sintiendo, saliendo. A veces uno tiene que desconectarse, o mejor, conectarse, no? He estado leyendo a Virginia, talvez por eso esté más contemplativa, más pensativa, más callada...si es que eso es posible en Indra! hahahaha. Como no puedo estar contemplativa con ella? Leyendo The Complete Shorter Fiction of Virginia Woolf. La mujer en los años 1917, 1922, 1941. Cómo nos parecemos apesar del tiempo que nos separa!
"Why," she asked, "if men write such rubbish as this, should our mothers have wasted their youth in bringing them into the world?"
We were all silent; and, in the silence, poor Poll could be heard sobbing out, "Why, why did my father teach me to read?" So we made ourselves into a society for asking questions. One of us was to visit a man-of-war; another was to hide herself in a scholar's study; another was to attend a meeting of business men; while all were to read books, look at pictures, go to concerts, keep our eyes open in the streets, and ask questions perpetually. We were very young. You can judge of our simplicity when I tell you that before parting that night we agreed that the objects of life were to produce good people and good books. Our questions were to be directed to finding out how far these objects were now attained by men. We vowed solemnly that we would not bear a single child until we were satisfied.
A Society, Virginia Woolf (http://www.readprint.com/work-1525/A-Society-Virginia-Woolf)
Pienso en las ventajas que hay cuando una persona no sabe leer. Tan diferente cuando se sabe leer. Cuántas preguntas sin sentido, cuánta preocupación innecesaria! Pero hay que continuar leyendo, no? El elixir de la vida, la lectura. Y pensar que en el siglo pasado, a las mujeres se les negaba el derecho de aprender a leer. Al menos ese derecho era negado y ellas talvez no sintieran la necesidad de hacerlo. Hoy, tenemos todos los derechos, podemos hacer todo y hay muchas que aún viven en 1917! Saben el abecedario, pero no saben leer, ni les interesa. Talvez están muy ocupadas en las exigencias que una vida "familiar" conlleva. Quién tiene tiempo para shorter fiction si tiene que revisarle la tarea al hijo? Con lo que los hombres se ofrecen en las obligaciones paternales, dudo que las mujeres tengan un día libre para dejarse llevar por los devaneos de una ficción!
Bueno, creo que no hay respuesta para ciertas preguntas. Mejor. Hay cosas que son mejor sin acabar.
September 23 Ya voy de nuevo...De nuevo leyendo...hahahha. Bueno, y después de todo, qué hay mejor que la lectura? Una noche de pasión? El pavé de maracuyá que Paulo acaba de hacer? Pues el nuevo libro que ando leyendo: La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón. Otro libro que trata sobre el gusto de leer. Para algunos, libro fácil, para no quemarse las neuronas, pero por lo que voy leyendo, de prosa leve, con toques de humor increíble.
" - Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte".
![]() September 18 Esta mañana...Estoy leyendo Esta Mañana y otros cuentos, de Mario Benedetti. Dicen que es una obligación leer a Cortázar. Yo digo más, es un deber leer a Benedetti! Amo sus palabras.
"Quedarse limpio?, por qué?, de qué? Uno no tiene mayormente dudas sobre el fondo, sobre el origen, sobre el color moral del asunto. Las dudas - no vacilaciones: uno puede vacilar en dudar o lanzarse de lleno a la duda -, las dudas sólo son acerca del procedimiento, de detalles del procedimiento.
Sentirse vestido es, en cierto modo, acabar de despetarse. Ayuda a ayudarse, a desalojar la inseguridad, a ser. Uno se siente vestido y se haya listo para gobernar la mirada, para encerrarse en uno o para salir de uno, para agonizar irremediablemente o para estallar en la rutina. Percibe cómo la sangre reconoce su mundo y corre y vive."
Esta Mañana, Mario Benedetti, 1967 August 26 Kafka on the ShoreEstaba buscando este libro desde que leí en una comunidad que el Murakami era alguien a quien yo desearía conocer. Como yo, amante de la lectura, de la música, de los viajes. "Esa soy yo!", pensé. Así comenzó la búsqueda. Como estaba por viajar a Europa, le dije a mi hermana Michelle que me lo buscara en España, pues allá ciertamente ella podría encontrarlo (gracias a Dios por el idioma español y por todas las traducciones maravillosas que esta lengua proporciona!). No fue así. Cuando me la encontré en Suiza, ella ni siquiera recordaba que le había pedido un libro. Lo busqué en Milano con mi amigo Mario, en vano. Mientras más lo buscaba, más lo quería. Haruki Murakami es uno de esos autores cool que quieres leer para sentirte libre, liviana y suelta por este mundo lleno de paredes. Además, es japonés! Siempre me ha gustado mucho la visión japonesa del mundo, siempre con hechos reales de la vida, si comparados con las metáforas dramáticas que los occidentales le damos a ella. La sencillez contra la complicación. Pero decía que Murakami es cool. Mientras escribía Kafka on the Shore, solía escuchar Kid A, de Radiohead y tomaba su Siberian Express (Smirnoff, Perrier y limón). Referencias a Kafka, Schubert, Beatles, Stones, Miles Davis, the Beach Boys, Led Zepellin, Radiohead. Talvez por eso este libro es tan alucinante, es como si la conciencia se expandiera en varias veces, alcanzando niveles jamás antes notados. Así está siendo Kafka on the Shore.
"Kafka, in everyody's life there's a point of no return. And in a very few cases, a point where you can't go forward anymore. And when we reach that point, all we can do is quitly accept the fact. That's how we survive."
July 21 ¿Qué es preferible: una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado? Díganme: ¿qué vale más?Cuánto dolor puede soportar un ser humano? Cuánta amargura puede caber en un solo corazón? Cuántos sueños inalcanzables pueden desvanecerse en la vida de una persona? En "Memorias del Subsuelo", Dostoievski submerge en lo más profundo del alma humana, un alma perturbada por los fantasmas de la soledad, de la falta de cariño, de la locura, del ánsia de querer ser aceptado en una sociedad que está constantemente cobrando un cierto estilo, un cierto look, un cierto todo que muchas veces no tenemos. En una escena (porque me parece que estaba viéndolo en el siglo 19, en las calles de un San Petesburgo frío, húmedo y gris), el protagonista está tirándole encima a una linda prostituta que se encontró en un próstibulo, toda una carga de verdades, maldiciones, odios y repugnancias que él mismo siente de sí, sobre cómo, si ésta muriera, nadie se importaría por ella, por su entierro, por su alma. Una manera de decir en voz alta todo aquello que lo angustia y que él no tiene valor para aceptar. "Tu nombre desaparecerá de la superficie de la tierra como si no hubieses existido nunca, como si ni siquiera hubieras nacido. Lodo, pantanos... Golpea cuanto quieras la tapa de tu ataúd por la noche, a la hora en que se levantan los muertos. "¡Dejadme salir, buena gente! ¡Quiero ver la luz! He vivido sin vivir; mi vida ha sido una alfombra para los pies de los hombres. La devoraron y terminó en la plaza del Heno. ¡Dejadme salir, buena gente! ¡Quiero volver a vivir!"
¿Qué sabe la razón? Únicamente lo que ha aprendido (nunca sabrá más, seguramente. Esto no es un consuelo, pero no hay que disimularlo). En cambio, la naturaleza humana obra con todo su peso, por decirlo así, con todo su contenido, a veces con plena conciencia y a veces inconscientemente. Comete algunas pifias pero vive." Pareciera que Dostoievski está hablándole a su yo, a esa persona que él no comprende y que está solo en este mundo. Un alma que quiere ser amada. Pero no es eso que todos queremos? Amar y ser amados. Pueden decir lo que quieran, pero a eso de limita nuestra existencia.
"¿Por qué no te vas? Pero entonces ocurrió algo extraordinario. Ya estaba tan habituado a pensar y a soñar de acuerdo con los libros, y a ver las cosas tal como las había creado previamente en mis sueños, que en el primer instante ni siquiera me di cuenta de lo que ocurría. He aquí lo que sucedió: Lisa, a la que había ofendido y pisoteado, captó mucho más de lo que yo esperaba. De todo lo que le había dicho, comprendió lo que comprende la mujer cuando ama sinceramente: que yo era desgraciado." Una vez más, la sabiduría la mujer vence los devaneos masculinos.
May 18 Gracias Benedetti!Conocí a Benedetti cuando llegué a Panamá, luego de vivir 13 años en Brasil. Como quien se conoce de la vida toda, Benedetti me escribió comentándome toda su experiencia en el exilio y cómo era llegar a su Montevideo después de años fuera. Él me entendía, él sabía cómo era aquello, sabía como nadie, cómo era reintegrarse en su ciudad, desexiliarse. Leyendo Andamios y luego otras de sus obras, fui descubriendo el autor que para mí se tornaría uno de los mejores de la literatura contemporánea. Es uno de los genios, de los grandes. Fui a sentirlo a Uruguay. Hice algunos paseos por sus calles y entré a sus librerías. Respiraba Benedetti. Ayer dejó de existir físicamente, pero permanecerá en mi sala para siempre. Esa es la magia de las personas que dejan sus huellas presentes en el camino eterno. Por lo que me toca, quiero agradecerle todas sus letras, todas sus palabras. Hasta siempre Benedetti.
PARÉNTESIS, por Mario Benedetti, Montevideo 2008Acompáñenme a entrar en el paréntesis que alguien abrió cuando parió mi madre y permanece aún en los otroras y en los ahoras y en los puede ser lo llaman vida si no tiene herrumbre yo manejo el deseo con mis riendas mientras trato de construir un río en sus nubes los pájaros se esconden no es posible viajar bajo sus alas lo mejor es abrir el corazón y llenar el paréntesis con sueños los pájaros escapan como amores y como amores vuelven a encontrarnos son sencillos como las soledades y repetidos como los insomnios busco mis cómplices en la frontera que media entre tu piel y mi pellejo me oriento hacia el amor sin heroísmo sin esperanzas pero con memoria por ahora el paréntesis prosigue abierto y taciturno como un túnel April 23 Virginia's Three Guineas"Such then is the conclusion to which our inquiry into the nature of fear has brought us—the fear which forbids freedom in the private house. That fear, small, insignificant and private as it is, is connected with the other fear, the public fear, which is neither small nor insignificant, the fear which has led you to ask us to help you to prevent war. Otherwise we should not be looking at the picture again. But it is not the same picture that caused us at the beginning of this letter to feel the same emotions—you called them ‘horror and disgust’; we called them horror and disgust. For as this letter has gone on, adding fact to fact, another picture has imposed itself upon the foreground. It is the figure of a man; some say, others deny, that he is Man himself,[48] the quintessence of virility, the perfect type of which all the others are imperfect adumbrations. He is a man certainly. His eyes are glazed; his eyes glare. His body, which is braced in an unnatural position, is tightly cased in a uniform. Upon the breast of that uniform are sewn several medals and other mystic symbols. His hand is upon a sword. He is called in German and Italian Führer or Duce; in our own language Tyrant or Dictator. And behind him lie ruined houses and dead bodies—men, women and children. But we have not laid that picture before you in order to excite once more the sterile emotion of hate. On the contrary it is in order to release other emotions such as the human figure, even thus crudely in a coloured photograph, arouses in us who are human beings. For it suggests a connection and for us a very important connection. It suggests that the public and the private worlds are inseparably connected; that the tyrannies and servilities of the one are the tyrannies and servilities of the other. But the human figure even in a photograph suggests other and more complex emotions. It suggests that we cannot dissociate ourselves from that figure but are ourselves that figure. It suggests that we are not passive spectators doomed to unresisting obedience but by our thoughts and actions can ourselves change that figure. A common interest unites us; it is one world, one life. How essential it is that we should realize that unity the dead bodies, the ruined houses prove. For such will be our ruin if you, in the immensity of your public abstractions forget the private figure, or if we in the intensity of our private emotions forget the public world. Both houses will be ruined, the public and the private, the material and the spiritual, for they are inseparably connected. But with your letter before us we have reason to hope. For by asking our help you recognize that connection; and by reading your words we are reminded of other connections that lie far deeper than the facts on the surface. Even here, even now your letter tempts us to shut our ears to these little facts, these trivial details, to listen not to the bark of the guns and the bray of the gramophones but to the voices of the poets, answering each other, assuring us of a unity that rubs out divisions as if they were chalk marks only; to discuss with you the capacity of the human spirit to overflow boundaries and make unity out of multiplicity. But that would be to dream—to dream the recurring dream that has haunted the human mind since the beginning of time; the dream of peace, the dream of freedom. But, with the sound of the guns in your ears you have not asked us to dream. You have not asked us what peace is; you have asked us how to prevent war. Let us then leave it to the poets to tell us what the dream is; and fix our eyes upon the photograph again: the fact. Whatever the verdict of others may be upon the man in uniform—and opinions differ—there is your letter to prove that to you the picture is the picture of evil. And though we look upon that picture from different angles our conclusion is the same as yours—it is evil. We are both determined to do what we can to destroy the evil which that picture represents, you by your methods, we by ours. And since we are different, our help must be different. What ours can be we have tried to show—how imperfectly, how superficially there is no need to say.[49] But as a result the answer to your question must be that we can best help you to prevent war not by repeating your words and following your methods but by finding new words and creating new methods. We can best help you to prevent war not by joining your society but by remaining outside your society but in cooperation with its aim. That aim is the same for us both. It is to assert ‘the rights of all—all men and women—to the respect in their persons of the great principles of Justice and Equality and Liberty.’ To elaborate further is unnecessary, for we have every confidence that you interpret those words as we do. And excuses are unnecessary, for we can trust you to make allowances for those deficiencies which we foretold and which this letter has abundantly displayed. To return then to the form that you have sent and ask us to fill up: for the reasons given we will leave it unsigned. But in order to prove as substantially as possible that our aims are the same as yours, here is the guinea, a free gift, given freely, without any other conditions than you choose to impose upon yourself. It is the third of three guineas; but the three guineas, you will observe, though given to three different treasurers are all given to the same cause, for the causes are the same and inseparable. Now, since you are pressed for time, let me make an end; apologizing three times over to the three of you, first for the length of this letter, second for the smallness of the contribution, and thirdly for writing at all. The blame for that however rests upon you, for this letter would never have been written had you not asked for an answer to your own."
April 21 On Respecting Women and MenTo begin with an elementary distinction: a society is a conflomeration of people joined together for certain aims; while you, who write in your own person with your own hand are single. You the individual are a man whom we have reason to respect; a man of the brotherhood, to which, as biography proves, many brothers have belonged. thus Anne Clough, describing her brother, says: 'Arthur is my best friend and adviser...Arthur is the comfort and joy of my life; it is for him, and from him, that I am incited to seek after all theat is lovely and of good report. To which William Wordsworth, speaking of his sister but answering the other as if one nightingale called to another in the forests of the past, replies:
"The Blessing of my later years
Was with me when a Boy:
She gave me eyes, she gave me ears;
And humble cares, and delicate fears;
A heart, the fountain of sweet tears;
And love, and thought, and joy."
(Three Guineas, Virginia Woolf)
Por qué tanto resentimiento entre hombres y mujeres? Por qué esta distancia que nos separa el uno del otro? Si comprendiéramos que juntos podemos llegar a lugares remotos, a sensaciones nunca pensadas, a caminos más lindos. Hombre y mujer, sin luchas ridículas sobre quién tiene más poder, sobre quién es más o menos. Virginia Woolf cuestionaba estos asuntos en el siglo 19. Todavía hoy, en pleno siglo 21 estamos preguntándonos esto mismo. Por qué no aceptar las diferencias y partir para la acción en duplas?
February 13 A Consistência de SaramagoNem lembro a última vez que entrei para postar algo no meu blog. Barbaridade! Não foi por causa de temas e de vontades! Várias foram as vezes que quis escrever sobre alguma coisa que cruzou a minha cabeça, mas a laptop estava sendo usada, ou não tinha tempo de sentarme e viajar no texto. Dura é a vida sem uma laptop própria, sem ter que compartir essa extensão da cabeça que para mim é o teclado. Acho que está na hora de começar a escrever à mão. Back to the past. Até comprar uma para mim, vai ficar complicado.
Ontem fui ver uma exposição que talvez cutucou a minha sede de escrever e de ler. "José Saramago: A Consistência dos Sonhos". Já falei inúmeras vezes do meu amor e admiração por este senhor de mais de 80, capaz de transportarme a lugares que eu nunca estive antes e me fazer vivir na pele os sentimentos dos seus personagens. A Caverna, Ensaio sobre a Cegueira, Ensaio sobre a Lucidez, O Evangelio Segundo Jesus Cristo, As Pequenas Memórias, O Homem Duplicado, Memorial do Convento, O Conto da Ilha Desconhecida, A Bagagem do Viajante e o último A Viagem do Elefante. Todos lidos, exceto o último que estou por terminar. Saramago sabe bem como usar as palavras e como traduzir isso em sentimentos. Muitas vezes senti que ele falava mesmo era de mim, em outra época, claro! A exposição é uma viagem pelo labirinto da vida desse autor que mora numa ilha, a ilha de Lanzarote, nas Ilhas Canárias, desde o seu nascimento em 1922 numa aldéia pobre de Portugal chamada Azinhaga e de onde tirou a inspiração para escrever o seu livro autobiográfico As Pequenas Memórias. Fotos, documentos de identidade, manuscritos dos seus primeiros poemas e crónicas escritas, entrevistas, videos de quando recebeu o Nobel de Literatura, videos de sua militância política, e um video espetacular, produzido na França por Carmen Castillo, chamado Le Temps d'une Memoire, de 2003. A memória sempre presente nele, Saramago diz que somos aquilo que herdamos de nossos antepassados, somos a memória que mantém vivas todas esssa pessoas que morreram, mas que não morreram, pois continuam vivas nas nossas memórias. No video, um momento de pura emoção: Saramago lê a carta de uma fã, de Buenos Aires, Argentina, que relata a importância que ele, apesar de não a conhecer, tem exercido na vida dela. Como os personagens que Saramago escreve tem-na acompanhado na sua dura vida solitária. Saramago não consegue continuar a leitura. Emoção total.
![]() November 28 Amor 77Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Julio Cortázar, quién más?
November 07 EL MUNDO SEGUN CASCIARIPor Hernán Casciari
Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el 'sistema perro'. Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso? En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores. Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene 'humanamente' alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo. Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (¿será por eso que le dicen el granero del mundo?). Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas. La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco. Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande. México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes. En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1,200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza. La China tiene un nieto de 8 años, Taiwán, que le hace la vida imposible. Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero. Después, están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda. Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín... o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa. Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres. A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar espaguettis). España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume). Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y después hace la denuncia. España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera. Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se tira a las pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia. Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cogen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea. Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa. Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas. Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no lo vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco. Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado. Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos. El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos. Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna...y ¡hasta gente! A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes. Y yo me pregunto: ¿por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía no funcionan? Hernán Casciari nació en Mercedes, Buenos Aires, en marzo de 1971. Es escritor y periodista. Ha recibido el 1º Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991), con la novela 'Subir de espaldas la vida', y el premio Juan Rulfo (París, 1998), con el relato 'Ropa sucia'. Desde el año 2000 está radicado en Barcelona, desde donde ha escrito cuatro blogonovelas, pioneras en la literatura por Internet. August 06 ESTE CAPITULO NAO E SERIO8 de abril de 1888.
Papel, amigo papel, não recolhas tudo o qeu escrever esta pena vadia. Querendo servir-me, acabarás desservindo-me, porque se acontecer que eu me vá desta vida, sem tempo de te reduzir a cinzas, os que me lerem depois da missa de sétimo dia, ou antes, ou ainda antes do enterro, podem cuidar que te confio cuidados de amor.
(Memorial de Aires, 1908. Machado de Assis)
Hoje foi o dia do Senhor das Letras brasileiras. Sim, esse mesmo, Machado de Assis. Aquele que escreveu Memórias Póstumas de Brás Cubas, Dom Casmurro e Quincas Borba entre tantas outras jóias. Para mim, que não sou brasileira, tudo estava perdido até me deparar com a obra deste mestre, injustiçado e ignorado nos países de fala hispánica, talvez pela dificuldade ou falta de interés em traduzir suas obras para o espanhol. Só sei de uma coisa, após ler Machado, a grandiosidade da língua portuguesa e todo o significado deste país, toma contornos diferentes, mais precisos, mais exatos. Mas, por que toda esta demonstração de amor a este autor? A excelênte exhibição "Machado de Assis, mas este capítulo não é sério", no Museu da Língua Portuguesa é um verdadeiro convite a entrar nesse mundo machadiano, imaginando, ouvindo, interagindo, lendo, vendo, lendo e lendo! Prato cheio para quem gosta de ler. Prato cheio para quem curte boa literatura, design, fotos, peças raras, antigas. Belamente montada no Museu, com certeza imprescindível para qualquer brasileiro ou estrangeiro que ainda tenha dúvidas quanto a beleza deste país e a importância da literatura nos nossos corações.
15 de Julho a 26 de Outubro de 2008
De terça a domingo das 10h às 17h Sábados DE GRAÇA
July 04 Fiesta Literaria en ParatyTodos los años es lo mismo. Llega la Festa Literária Internacional de Paraty y no puedo ir. Para quien le gusta la literatura, los libros y los autores, esta es la mayor fiesta en Brasil. Talvez por mi deseo secreto de ser escritora, vivir en Escocia con Paulo y con Brahma, sólo dedicándome a escribir. Oh sueño! El arte de escribir bien no está entre mis abilidades, entonces me dedico a leer.
La FLIP (Fiesta Literaria Internacional de Paraty) comenzó en 2003 y hoy día tiene en su curriculo una extensa lista de autores que han pasado por ella. Salman Rushie fue invitado y anduvo por las calles de Paraty como si no estuviera siendo jurado de muerte. Creo que nunca se sentió tan libre como en Paraty. Ian McEwan, Martin Amis, Margaret Atwood, Paul Auster, y hasta Anthony Bourdain, el chef más sexy de todos. Rosa Montero, Michael Ondaatje, Orhan Pamuk, Colm Toíbín, Enrique Vila-Matas, Jeanette Winterson, J. M. Coetzee e Marcello Fois. De los autores brasileiros, los mejores. Ariano Suassuna, Millôr Fernandes, Ruy Castro, Ferreira Gullar, Luis Fernando Verissimo, Zuenir Ventura, Barbara Heliodora, Ruy Castro e Lygia Fagundes Telles. Como es un espacio para las letras, compositores como Chico Buarque y Caetano Veloso también se han presentado, entre charlas y debates. Como ya dije, es una verdadera fiesta. Todos los años se le presta homenaje a un autor y este año es de Machado de Assis, mi brasileiro favorito. Una especie de Stehndal de la lengua portuguesa.
Toda esa inspiración literaria brilla más por el ambiente donde la feria se desarrolla. Situada entre Rio y São Paulo, Paraty es un pueblo bañado por agua color turquesa, con construcción histórica, que como todo pueblo tiene las personas más amigables y agradables. A cuatro horas de São Paulo, me parece increible que aún no haya ido. Voy a prepararme para el año que viene.
Fotos: http://blogdaflip.wordpress.com/
April 19 Orgullo de hablar españolCreo que uno de los motivos de que me gusta leer es porque me doy cuenta lo privilegiada que soy al poder hablar español, portugués e inglés. Leyendo Cortázar, me vino una sensación de orgullo por hablar esta lengua tan linda que es el español. Es la magia que tienen las palabras bien escritas y los efectos que causan en nuestros corazones. Digo que me siento privilegiada, pues como hispano parlante, puedo leer a Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes. Como conocedora y hablante del portugués, puedo leer a Machado de Assis, Saramago, Agualusa. Como hablante del inglés, a la Woolf y a todos los magos que hacen que nuestra existencia por este mundo sea mucho más placentera y significativa. No todos tienen este privilegio de poder leer literatura en la lengua materna, con palabras y sentimientos que son lo que son en la lengua.
Sentada en mi puff, leyendo "La Salud de los Enfermos" (http://www.literatura.us/cortazar/enfermos.html), uno de los cuentos de Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar, me deleitaba con semejante creatividad y los detalles de los personajes, tan sencillos, tan complicados, tan humanos. Increible cómo uno se envuelve en la historia y acaba pensando que la mentira que se contó al principio, es verdad ahora. Oh, quién me diera poder escribir de esa manera, abriendo las mentes de gente que uno ni imagina existan. Otro cuento del libro, La Autopista del Sur, tiene todos los pesonajes posibles, el ser humano con sus sueños, angustias, anhelos. La autopista y la vida misma como analogías perfectas en este mundo en que vivimos. Alucinante. Bueno, continúo leyendo... March 18 Nunca se sabrá todo...Hoy comencé a leer As Pequenas Memórias, de José Saramago. Recuerdos de su infancia, de su vida en Portugal y las historias de su familia. Nacido en 1922, ya pasó por tanto en la historia, que una vida de esas, ES PARA CONTARLA, como decía Gabo Márquez en su Vivir para Contarla. Cada vez que leo sobre estas épocas pasadas, me teletransporto a Panamá, con tías, abuela, hermanos, padres, primos, primas. Cuentos que echar, historias que compartir. Dice Saramago:
"No se sabe todo, nunca se sabrá todo, pero hay horas en que somos capaces de creer que sí, tal vez porque en ese momento nada más nos podría caber en el alma, en la conciencia, en la mente, comoquiera que se llame eso que nos va haciendo más o menos humanos". March 04 Seguindo com As PalavrasLendo o livro de Jean-Paul Sartre sobre a arte de ler, escrever e simplesmente ser um escritor, estou me deleitando com as palavras sempre bem usadas do Sartre. Menino malcriado da burguesia francesa, obstinado com a leitura e a arte de escrever. De um certo modo, esse oficio de ser escritor sempre tem sido vinculado à bohemia, ao derroche, ao mundano. Não só os escritores sofrem com este preconceito, mas todo artista. É só ver as pinturas de Touluse Lautrec ou algumas do Picasso. É aquela velha pergunta: Precisamos viver no submundo para chegar a ser eternos? Jim Morrison, Virgina Woolf, Joyce. Só algumas palavras soltas na minha cabeça.
"Um dia em que eu estava lendo, deitado entre os seus pés, em meio daqueles intermináveis silêncios petrificados que êle nos impunha, uma idéia o atravessou, fazendo-o esquecer a minha presença; olhou minha mãe com reproche: "E se êle encasquetar em viver da pena?" Meu avô apreciava Verlaina, de quem possuia uma seleção de poemas. Mas acreditava tê-lo visto, em 1894, entrar "bêbado feito um porco" num boteco da rua Saint-Jacques: êste encontro o ancorara no desprêzo aos escritores profissionais, taumaturgos derrisórios que pedem um luís de ouro para fazer ver a Lua e acabam mostrando por cem soldos, o traseiro". February 27 As crianças e os LivrosMme Picard era de opinião que uma criança pode ler tudo: "Um livro nunca faz mal quanto é bem escrito". Em sua presença, eu pedira certa vez licença para ler Madame Bovary e minha mãe assumira a sua voz mais musical: "Mas se meu benzinho ler êsse gênero de livro em sua idade, o que fará quando fôr grande?" - "Vou vivê-los!" Trecho do livro As Palavras (Le Mots), de Jean-Paul Sartre.
Concordo plenamente com a Mme. Picard!
|
|
|