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    November 17

    Amigo é coisa pra se guardar...

    Diz o Milton Nascimento que amigo é coisa para se guardar no lado esquerdo do peito.  Ele tem toda a razão.  Amigos, que seria de mim sem eles!  Sempre prezei demais a boa amizade e um papo com amigos.  Não tem outra atividade que me faça sentir mais na terra.  Esse fim de semana, feriadão aqui no Brasil, Miró veio nos visitar.  Não propriamente nos visitar.  Ele veio participar de um encontro de poetas e ex-poetas (se é que isso é possível) na Balada Literária na Vila Madalena (http://www.baladaliteraria.org/home.html).  Que bom é rever amigos de loooonga data.  Conheço o Miró faz mais de 20 anos quando morávamos num apartamento do Copan, com outras meninas.  Grande época, cheio de muitas baladas, muita cerveja, muita paz e amor.  Nos encontramos, rimos, contamos histórias, anécdotas recentes, Miró fez performances, ficamos bébados, alimentamos a alma!  Amanhã tem mais.  Churrasco no Mané e muita aventura!  Haja forças e fígado!

    Del Rey Juan Carlos, Irving Saladino y otras cositas más...

    Tantas cosas que han pasado en estos días y yo aquí, sin escribir.  A veces tengo la rebeldía de no escribir.  Es como si me dijera a mí misma que no, no soy como aquellos freaks que apenas pasan por alguna experiencia, corren a sentarse frente a la computadora y escriben lo que ha sucedido.  Ganas no me faltaron, confieso aquí entre nos.  jajajajaja.  Pero bueno, entre videos del Rey Juan Carlos mandando a Chávez a callarse la bocota, el evento de poesía Balada Literaria celebrado en Vila Madalena (reducto de intelectuales y de fashionistas de Brasil), la entrevista que le hice al atleta Irving Saladino para un video que la asociación de panameños está haciendo (y que me pidieron le hiciera la entrevista a Irving a y a su técnico Nélio Moura, by the way, guapísimo hombre), mi vida amorosa con Paulo, uf!  Tantas cosas pasando en mi vida.  Y en la vida en general. 
    Me cagué de la risa con el video del Rey Juan Carlos!  Dicen que le faltó diplomacia, pero yo digo que más diplomático no pudo ser.  Yo lo hubiera mandado a "tomar por el culo y que se dejara de jilipolleces absurdas, hijo de la concha más puta del mundo"!  En fin, esa sería yo, no?  Total, creo que eso fue lo más interesante de esta cumbre o reunión que como todas no llegan a ningún lado con sus bla bla bla. 
    Con Irving Saladino la pasé de lo mejor, el chico es super sencillo, apesar de haber ganado el Mundial de Atletismo en Osaka, con un puntaje maravilloso y ser el mejor del mundo en salto a distancia.  Yo sabía que él entrenaba en São Paulo, pero nunca había tenido la oportunidad de verlo o conocerlo.  Muy cool.
    De la Balada Literaria escribo luego.  Esa merece un post más largo!
    November 09

    Miss Saigon

     
    Ayer fui a ver Miss Saigon en el Teatro Abril de São Paulo.  Un montaje de grandes proporciones y de inversión millonaria que por donde ha pasado ha llenado plateas.  Aquí en São Paulo no podía ser diferente.  Estaba repleto el teatro.  La historia trata de los amores imposibles en la guerra de Vietnam, pero bien podría ser en el Panamá ocupado por las bases americanas.  Todo panameño sabe cómo era la convivencia con los americanos en los años de la ocupación de la Zona del Canal.  Para unos, un acto de lucha hasta morir.  Para otros, o mejor, otras, una oportunidad de conseguir el codiciado Green Card.  Miss Saigon podría llamarse Miss Cholita Panameña o Miss Militza, nombre popular en las camadas populares de Panamá.  Chris, un gringo de la Army, conoce a Kim en un burdel de Saigon, se enamora de ella a pesar de la diferencia cultural entre los dos.  Esa diferencia que sólo conoce el lenguaje del amor o de la lujuria.  Una especie de Puccini moderno.  Entre besos y promesas de amor eterno, Chris es llamado por Mr. Sam a que regrese a los States, pues su misión ya había culminado.  Llantos, promesas, cuánto amor.  Kim (o Miss Militza) no sabe que cuando Chris se va, ella lleva en su vientre vietnamita un medio gringuito.  Tres años pasan y el amor de Kim crece a cada día.  Chris, por su lado, ya ha dejado atrás los horrores de la guerra, entre ellos a Kim, y ahora vive con su mujer también gringuita.  Todo lindo maravilloso hasta que un día recibe una carta de Kim preguntándole:  “Y entonces?  Tú allí y yo aquí cogía en la cabanga?  Tengo un gringuito y todavía te amo.”  Ella todavía tenía el American Dream de vivir en una casita en el suburbio de Wisteria Lane, con su jardín bien verde, con dos Explorer y talvez unos duendecitos en la grama.  Todo menos aquella vida miserable de Saigon.  Chris decide enfrentar la situación y se va a Saigon con su mujer gringuita para conocer al tal del chiquillo medio gringuito.  Él todavía la ama, pero no al punto de dejar a su actual mujer.  Al darse cuenta que Chris no tiene la llama encendida como ella la ha tenido todos estos años por él, se da un tiro en la cabeza.  Final casi obligatorio, pues qué más podría pasar?  Quien se robó el show mismo, fue el Engenheiro, magistralmente representado por Marcos Tumura. 
    November 08

    Lo mejor que he leído sobre sentirse extranjero

    "Aquel proceso de nostalgización progresiva era también evidente en los retratos.  En los primeros parecía feliz, con su camisa de inválido y su mechón nevado, en el cabrilleante octubre del Caribe.  En los últimos se le veía con un abrigo oscuro y una bufanda de seda, pálido de sí mismo y taciturnado por la ausencia, en la cubierta de un barco de pesadumbre que empezaba a sonambular por los océanos otoñales.  Germán y Aureliano le contestaban las cartas.  Escribió tantas en los primeros meses, qeu se sentían entonces más cerca de él, que cuando estaba en Macondo, y casi se aliviaban de la rabia de que se hubiera ido.  Al principio mandaba a decir que todo seguía igual, que en la casa donde nació estaba todavía el caracol rosado, qeu los arenques secos tenían el mismo sabor en la yesca de pan, que las cascadas de la aldea continuaban perfumándose al atardecer.  Eran otra vez las hojas de cuaderno rezurcidas con garrapatitas moradas, en las cuales dedicaba un párrafo especial a cada uno.  Sin embargo, y aunque él mismo no parecía advertirlo, aquellas cartas de recuperación y estímulo se iban transformando poco a poco en pastorales de desengaño.  En las noches de invierno, mientras hervía la sopa en la chimenea, añoraba el calor de su trastienda, el zumbido del sol en los almendros polvorientos, el pito del tren en el sopor de la siesta, lo mismo añoraba en Macondo la sopa de invierno en la chimenea, los pregones del vendedor de café y las alondras fugaces de la primavera.  Aturdido por dos nostalgias enfrentadas como dos espejos, perdió su maravilloso sentido de la irrealidad, hasta que teminó por recomendarles a todos que se fueran de Macondo, que olvidaran cuánto él les había enseñado del mundo y del corazón humano, que se cagaran en Horacio, y que en cualquier lugar en que estuvieran recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera."
    Cien Años de Soledad, último capítulo

    Cien Años de Soledad sin una segunda oportunidad en la tierra.

    Hoy se me salieron las lágrimas.  Fueron más de cien horas leyendo Cien Años de Soledad (o CAS, como le dicen los entendidos) y hoy, en el trayecto del bus, leí las últimas líneas.  Es como si me fuera despidiendo de un amigo que me ha acompañado durante un buen tiempo por todos los lugares andados.  Eso no me pasa con más nada que con los libros.  Aureliano Buendía pensando y haciendo el recuento de su vida y la de los Buendía: "y todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".  Y es eso.  Cien años no se repitirán para aquellos que no llegaron a culminar las 471 páginas de esta obra que para muchos es un laberinto en la familia incapaz de llegar al fin.  Para mí, fue un placer haber llegado.  Ya hasta se me había pegado la epidemia de no poder dormir, que dicho sea de paso, qué imaginación fantástica la de Gabo (vaya intimidad!) de crear semejante epidemia.  Vivir el día y la noche.  Es una pesadilla, no? 
    Cien Años de Soledad me hizo sentir en Macondo, que podría ser Panamá o São Paulo.  La gente nunca cambia y las costumbres siempre son las mismas.  Las leyendas, las creencias, las supersticiones, las familias, la lujuria, el machismo.  Es increíble cómo es tan vigente el tema.  Increíble también es ver cómo es verosímil esta história que tiene colas de cerdo en los niños nacidos de relaciones entre parientes, o la alfombra voladora.  Lo mágico es tan real, que uno se pierde en lo fantástico y se enreda en lo real.